
Tal vez sea solo yo, pero leer artículos sobre automatización es cosa del pasado. Es decir, vale. Todos lo entendemos. Automatizar, automatizar, automatizar. Y aún más. Integrar, integrar, integrar. Si veo el término “automatización” una vez más, voy a escribir un artículo molesto aunque nadie lo publique. Si aún no se ha rendido y ha puesto un cartel de “en venta” en su imprenta, debe digerir esta amarga realidad.
Software = proceso = negocio
El software es proceso y el proceso es negocio en 2021. Es inevitable. Sin embargo, y me refiero a un “sin embargo” bien grande, dejemos de insistir en la automatización y fijémonos en el software de flujo de trabajo. Olvídese del galimatías de la automatización e intente crear un proceso que tenga sentido desde el punto de vista empresarial. Ya se trate de un nuevo software, de un dispositivo más rápido o de un robot de cuatro brazos, descifremos qué hará que nuestra imprenta sea más ágil.
Impresión = fabricación
Seguimos oyendo hablar de eliminar la intervención humana. Imprimir es fabricar, lo que requiere intervención manual, aunque la haga una máquina. Lo que hay que hacer es eliminar el número de veces que un trabajo se detiene para esperar algo. No existe ningún método práctico para alejarse de las zonas de preparación. Algunos equipamientos, equipos o procesos requieren más tiempo que otros. Se va a producir un avance lento y gradual en la producción.
¿Qué tal si buscamos formas de acabar con el avance lento y gradual en nuestro flujo de trabajo? Analicemos las zonas de preparación de nuestras empresas y averigüemos cómo optimizarlas. Algunas no siempre están. Algunas son inevitables. La estrategia de la preparación es eficaz y no es inherentemente un problema. Amontonar trabajos antes de un proceso que no puede seguir el ritmo no es preparación. Se trata de un avance lento y gradual peligroso que destruye el flujo de trabajo.
Producción impresa = subsistemas inconexos
Existe una cadena de subsistemas tecnológicos desde la atención al cliente hasta la preimpresión, pasando por las pruebas, los RIP/DFE, el acabado y el envío. Cada subsistema está conectado al siguiente mediante una pasarela. Un empleado debe transferir de manera manual tickets de trabajo y archivos, y luego atender manualmente algunos datos. Esto funciona, ¿cuál es el problema? Que no es eficiente ni óptimo. Una conexión moderna debería unir los subsistemas. Los archivos y datos deben viajar a través de esas conexiones sin necesidad de intervención humana.
Cuando tengamos nuestros subsistemas tecnológicos unidos con datos de alta velocidad, la única preparación de trabajos que nos quedará se podrá gestionar. Los únicos restos del avance lento y gradual se deberán a la sobrecarga de trabajo de un proceso. La planificación puede solucionarlo parcialmente, pero no del todo. Las personas pueden reubicarse. Los trabajos pueden programarse de forma lógica para reducir el tiempo de inactividad durante la configuración de los dispositivos. Lo que no se puede cambiar es el rendimiento del dispositivo. Las máquinas solo pueden funcionar a determinadas velocidades.
Entonces, ¿dónde entra al rescate el software?
En cada uno de los subsistemas tecnológicos hay programas informáticos. Al fin y al cabo, se trata de subsistemas inconexos. Como ya hemos tendido los cables de datos entre subsistemas, solo tenemos que conectar entre sí esos programas inconexos. ¿Pero cómo? Lo ha adivinado. Más software. No hay ninguna necesidad lógica de sustituir ninguna de nuestras inversiones parciales. Veamos una solución imparcial y unificadora del flujo de trabajo. Le sugiero que vaya a “Google” y busque “plataforma de desarrollo de flujos de trabajo de impresión”. Desplácese más allá de los presuntuosos anuncios y haga clic en el enlace de Enfocus. O simplemente haga clic aquí.